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Y en Santa Eulalia, la Resurrección |
| 25.04.11 - TEXTO: ANTONIO BOTÍAS FOTOS: ISRAEL SÁNCHEZ | |||
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Aritmo de pasadobles se cierra la Pasión en Murcia, que en la mañana del Domingo de Resurrección ya es de Gloria y cohetes, de túnicas blancas y pasos cuajados de flores, de niños que se arremolinan para desafiar al Demonio, a quien unos diminutos ángeles llevan encadenado. Las calles, dispuestas para comenzar por la tarde las Fiestas de Primavera, huelen a barracas, que encienden sus fogones a mediodía. La mañana de ayer amaneció amenazante. Nubarrones negros oscurecían Santa Eulalia mientras los cofrades, con el alma en vilo, llegaban a la iglesia cubiertos con paraguas. La Archicofradía decidió finalmente retrasar unos minutos la salida del cortejo y acelerar la carrera, y evitó así la lluvia, que apenas salpicó el desfile. Los tronos fueron cubiertos con plásticos al final del desfile para resguardarlos del agua. El chispeo no empañó el carácter festivo de la procesión de El Resucitado, que partió de Santa Eulalia formando un revuelo de túnicas blancas, de gentes con curiosos tocados, que visten capas doradas y rojas, violetas y azules, amarillas y lilas. San Miguel Arcángel abrió la procesión, paso al que sigue la Cruz Triunfante, cruz de flores que abraza un ángel, tallado por Clemente Cantos. Después, El Resucitado de Planes, al que acompañan sus cofrades, con túnicas y capas blancas. Para los cristianos, el día de la Resurrección condensa su fe. Y lo viven tan dichosos como los miles de cofrades blancos que hacen vibrar la carrera nazarena mientras proponen a Murcia varios pasos de Antonio Labaña, como Las Tres Marías, la Aparición a María Magdalena o los Discípulos de Emaús. Junto a ellos, La Ascensión, de Hernández Navarro o la Virgen Gloriosa, de Sánchez Lozano. Al concluir el desfile, el concejal de Cultura Popular, Rafael Gómez, proclamó el pregón de cierre, haciendo memoria de la Semana Santa vivida, con especial incidencia en la presencia de la lluvia. Cuando la puerta de Santa Eulalia se cerró ayer algunos recordaron el Evangelio de la Vigilia Pascual. Después de diez intensos días de Pasión en Murcia, superadas todas las previsiones. Pedro se levantó y fue corriendo al sepulcro. Asomándose vio sólo las vendas por el suelo. Y se volvió admirándose de lo sucedido.
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