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Una Salve desbordada en el Encuentro más breve |
| 04.04.10 - JOSÉ ALBERTO GONZÁLEZ | |||
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Más gente que nunca pasó en vela la noche y arropó a la Pequeñica y el Jesús en su emocionado saludo del Lago
La Virgen Dolorosa y Nuestro Padre Jesús Nazareno, bailados por los portapasos al son del himno nacional de España, se encuentran bajo el chaflán del Palacio de Aguirre, con San Juan al fondo en la Plaza de La Merced. :: pablo sánchez / agm Fue uno de las procesiones del Encuentro más breves que se recuerda en mucho años. Eso sin contar con las prisas de otros años por la amenaza de lluvia o, directamente, por el aguacero. Pero fue, también, el Encuentro más concurrido. Tanto que mucha gente hacía memoria y no hallaba uno tan participativo. Todo fue uno: acabar la procesión california del Jueves Santo, brincar la medianoche, encenderse las farolas del centro de Cartagena y concentrarse un gentío en la Puerta de Murcia para disfrutar del combate musical entre granaderos y soldados romanos, con especial atención al pífano y el 'Perico Pelao'. La madrugada del Encuentro había echado a andar y, no iba a acabar hasta las siete y cuarto de la mañana, media hora antes de lo habitual. Procesionistas y público se desparramaron por las calles y plazas, paseando y comiendo pipas; y por bares y restaurantes, tomando un bocado y un refresco o yendo directamente a por cervezas y copas. Los hosteleros no daban abasto: no cabía un hilo en san Miguel, en Campos, en la Plaza de San Ginés, en la Pescadería... hasta en la cafetería de la Casa del Mar, junto a la Muralla. Por momentos, llegar a la barra y captar la atención de los camareros era poco menos que una misión imposible. Un cinturón de orquídeas Si del Nazareno impactó la combinación de sus faroles con las rosas rojas, del Medinaceli asombró la delicadeza de un adorno de anturios, lirios y un cinturón de orquídeas. Tras este trono, que sacaron a hombros del Rectorado de la Politécnica unos portapasos muy aplaudidos, se vio a mujeres haciendo penitencia con pies descalzos y rostros cubiertos. Esas dos procesiones se fundieron en una con las dos que salieron de Santa María. No pocos se concentraron en el cruce de la Serreta con Arco de la Caridad para ver como no sólo a hombros, sino a la carrera, llevaban por ésta a la Dolorosa. Todo un espectáculo. Ya en el Lago, ni esta plaza ni el bulevar José Hierro parecían suficientes a las cinco para un Encuentro abarrotado. A una mujer la oyeron decir que los jóvenes apenas cantan la Salve. Pero estaban allí. Poco a poco la cantarán.
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