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El Entierro desborda la calle y los sentidos |
| 08.04.12 - JOSÉ ALBERTO GONZÁLEZ | |||
Una riada de espectadores abarrota las calles del casco histórico para presenciar la principal procesión de la cofradía morada, perfumada de incienso, azahar y rosasEl tercio de San Juan se llevó los mayores aplausos por su ritmo elegante y la Lanzada salió sin Longinos y el caballo por una grieta
Vista de la procesión por la calle del Carmen, con el tercio y el trono de la Santa Agonía de Cristo; al fondo, La Lanzada. :: JUAN CARLOS CAMPOY / AGM El emotivo paso de esos altares móviles que son el Cristo Yacente, con su campo de rosas; la Magdalena, con su guirnalda de orquídeas; o La Lanzada, con su adorno de anthurium, popularmente calas. eran motivo más que suficiente para poner a un lado las molestias climatológicas y tomar sin vacilar el corazón de Cartagena. Fueron seis horas de espectáculo para la vista, por ese milimétrico avance en parejas del tercio de San Juan que tantos aplausos despertó en la carrera, el rigor de los piquetes (de Infantería de Marina o de Artillería Antiaérea) con el fusil a la generala en señal de duelo o el castizo luto de las manolas; para el oído, por el flautín o pífano en la popular burla del 'Perico pelao' que acompaña a los Soldados Romano, el xilófono de la banda Sauces o los violines del Santo Sepulcro; y para el olfato, por el rastro de los incensarios, el azahar que perfumaba a la Santísima Virgen de la Soledad o el rastro de gas de los hachotes sanjuanistas. Guardias, policías, bomberos No todo sale siempre perfecto, y La lanzada no pudo en realidad representar la cruel escena en la que Jesús está a punto de recibir ese golpe mortal. El trono tuvo que salir sin lanza, sin el soldado Longinos y sin el caballo porque los responsables de la agrupación descubrieron una fisura en la base del caballo y juzgaron que estaba en riesgo la estabilidad de las figuras. En la parte que sí estaba prevista, también merecen mención la agrupación de San Juan, porque pudo exhibir la remodelación del trono de su titular, obra de 1935 de Aladino Ferrer; y el hermano mayor de la hermandad morada, Domingo Bastida, que vio realzado el cortejo por la presencia del obispo de la Diócesis de Cartagena, José Manuel Lorca Planes. A la procesión no faltaron los concejales de la corporación municipal, con la alcaldesa Pilar Barreiro en la presidencia; y distintas escoltas de la Guardia Civil, los Bomberos y la Policía Local. Esta última tuvo como principal representante a su inspector jefe, Manuel Asensio. La salve a la virgen en la recogida en Santa María, donde la multitud volvió a dejar pequeño el tramo de la calle del Aire más cercano al templo, concentró la emoción de una noche que era de luto. Los fieles no lo olvidaron, y por eso asomaron las lágrimas. Por cierto, también fue un desfile para el gusto. ¡Qué pregunten a los niños inundados de caramelos por la ingente cantera de nazarenos morados!».
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